“Un poco de historia y yo “…
Estaba a pocas semanas de iniciar la cuenta regresiva a los cincuenta, pasaba ya los 45 y era tiempo de compartir mi vida con Alberto, con lo que representa y con su presencia diaria en muchos de nosotros y que algunos aún no han logrado reconocer.
El. Colegio Seminario de Chillán, ha sido muy conocido a través del tiempo, en ese entonces, años 70, estaba emplazado en una de las principales manzanas céntricas de la ciudad, con accesos por calle Libertad, 5 de Abril, Bulnes y su entrada principal por calle Arauco. Había sido fundado el 25 de enero de 1898, según decreto publicado por el entonces Obispo de Concepción Plácido Labarca por reiterada insistencia del presbítero Vicente Armando Las Casas, sacerdote de una abnegación incomparable en lo que se refiere a la educación de la juventud. Abre sus puertas a la comunidad el 1ª de Abril del mismo año.
El decreto decía, entre otras cosas “Seminario para le educación y formación de jóvenes que aspiren al estado eclesiástico, poniéndolo bajo la especial protección del Sagrado Corazón de Jesús, que será titular del colegio”.
Edificio sólido e imponente, con accesos, pasillos, aulas y jardines amplios y cuidados en su interior. En su fachada y parte media superior, unas letras “AMDG” , transité toda mi niñez por enfrente tratando de adivinar que significaban ; A Mayor Gloria de Dios, fue lo que aprendí una vez dentro.
Habiendo realizado toda mi educación básica en la querida escuela de niñas que alude a nuestros conquistadores y que sólo estaba a una cuadra del colegio, comienzo a tener mis primeros encuentros con éste a través de eventos deportivos que se realizaban en su gimnasio, en muchos años prácticamente el único de sus características en la ciudad. Junto con mi grupo de amigas que formábamos el equipo de Básquetbol descubrimos el establecimiento y también a sus alumnos, que obviamente a esa edad nos comenzaba a llamar la atención. El colegio Seminario sólo fue conformado por varones desde su creación hasta el año 1971 en que por primera vez la enseñanza media permite el ingreso de niñas Que posteriormente, licenciada de la enseñanza básica, pasara yo misma a ser parte de él me parecía a mi algo normal por las distancias con mi domicilio, a sólo unacuadra más que la escuela, por ser parte de mi ruta habitual de infancia, entre mi domicilio y el centro de la ciudad, y por este acercamiento deportivo que me había permitido conocer sus dependencias. Ingreso a través de un buen resultado en el examen de admisión, mérito de mi formación general básica, principalmente en matemática y de la rigurosa exigencia de mi profesora jefe de todos esos años, Srta. Berta Herrera Navarrete a quien divisé sólo hace unos pocos días en el funeral del padre de uno de mis más notables compañeros de la media, el Mateo García.
Después de realizar yo misma, a la edad de 13 años, todos los trámites administrativos y entrega de documentación conociendo así sus oficinas y hall de acceso donde siempre me acogía la figura del Sagrado Corazón, antesala para el acceso a los patios, aulas y jardines en que destacaba especialmente, mirándonos pasar, la figura del Padre Vicente las Casas, su fundador y primer rector, comienzo a asistir a esas preciadas dependencias en el mes de Marzo de 1976, ataviada como toda mi vida estudiantil de mi impecable uniforme y zapatos nuevos, detalle que también heredé a mis hijos actuales alumnos del mismo colegio, actualmente siento una gran satisfacción al ver como es también para ellos parte esencial de sus vidas en su relación con la pastoral a través del movimiento Arkontes , Scout ; la cultura a través de la música, la práctica deportiva ,y en general su desarrollo como personas integrales.
Siendo pues mi cercanía al deporte mi primer vínculo con Alberto una vez en él comienzo a tener conciencia más profunda de mi religión católica inculcada también desde mi infancia en mi grupo familiar, voy conociendo más acerca de su vida y de su persona, junto con los alumnos del departamento de Acción Social nos acercamos a hogares de niños en lo que ahora llaman, riesgo social, dejándome un recuerdo permanente la extrema pobreza y precaria vida que llevaban y conozco la gran labor social y humana de Alberto, su insistencia en ayudar a los desamparados, su constancia , su lucha diaria, política , social, humana, a todo nivel de estamentos que permitiera abrir los ojos y tomar conciencia una la realidad tan cercana a nosotros y para muchos tan indiferente entonces y también ahora. Nosotros sólo acudíamos a servirles una comida pero Alberto recorría las calles salvándolos de la miseria de la ignorancia y el desamor, del abandono extremo. Hay caritas que nunca se me olvidaron, de niños que ya son adultos poco menores que yo.
Cuando recuerdo mi apego al colegio, la felicidad de esos intensos años, lamento que a mis compañeras de infancia y adolescencia no se les haya permitido este acceso por todo lo que ha significado en mis recuerdos el paso por esas aulas, por ese espíritu fraterno , solidario, armónico que yo viví, sé que todas las experiencias no fueron igual y que muchos sienten nulo apego al colegio pero yo sólo puedo recordar como mis días se pasaban entre clases y actividades extra programáticas intensas de deporte ,al ser tan pocas mujeres, un promedio de 7 a 8 niñas por curso, formé parte de todas las selecciones deportivas de entonces, Voleibol, Básquetbol, Handbol, gimnasia rítmica, Atletismo , hasta el día de hoy vibro al recorrer la cancha del estadio , como no recordar a mi entrenador Juan Sáez o estar en el gimnasio presenciando un entrenamiento deportivo, que aún al paso de 30 años dirige en ocasiones el profe Coloma Vida también intensa en reuniones de comunidades de vida cristiana en que me impactaba ver jóvenes tan comprometidos en la Fe a quienes escuchaba y admiraba en silencio, también siendo parte del movimiento scout recién iniciándose con las niñas Guías , en ese entonces. Formé parte del Coro del colegio, dirigido por don José del Canto Pulgar, me impresionaba la sala de música, que era un aula diseñada para ese uso, en el cuarto piso , que glorioso tiempo del coro, don José estaba con problemas de oído pero nos sacaba las mejores notas en nuestras presentaciones, lo recuerdo con especial cariño por su calidad, sencillez, paciencia y tolerancia..
Recuerdo también mi desempeño, cursando el tercero medio, como catequista de los sextos básicos en preparación para su Primera Comunión, niños que ahora veo pasar enfrente mío como adultos pero que no me reconocen y yo recuerdo perfectamente nombres y apellidos; más tarde como encargada de Acción Social del centro de alumnos, la verdad yo “vivía” en el colegio, me desocupaba de una actividad y pasaba a la otra, yo era una joven feliz, viví intensamente esos preciosos años en que también viví mis primeros romances y mi primer amor adolescente que, como bien dicen , ese amor que se recuerda para toda la vida. Sólo puedomirar atrás con una sonrisa en los labios.
Poseedora , como muchos, de inteligencia y capacidad no fui una lumbrera académica, no tenía malas notas, para mi normales pudiendo ser mejores pero me motivaban mucho más las otras actividades , finalmente, como buena egresada y ex alumna de Alberto, me considero una buena persona , con experiencias de vida que sólo permitieron que creciera agradecida, de lo bueno por las satisfacciones y de lo malo por permitirme valorar lo bueno, por la grandeza de la Fe que me ha dado la fuerza de pasar cada experiencia y cada etapa de mi vida , con sabores dulce y agraz pero siempre de pié sabiendo que Dios es mi pastor y nada me ha de faltar.
Muchos años después supe y no me deja de llenar de orgullo, acá sin falsa modestia, que en mi año de egreso 1979 fui, junto con mi compañero Marcelo “Cura” Yévenes Soto, actual Médico y figura que ha ocupado importantes cargos públicos en la actualidad, candidata al premio o mejor dicho a la distinción ”Padre Alberto Hurtado “ que se otorga a un egresado de cada promoción por sus características como persona , en ese tiempo yo sólo puedo decir que me habrían premiado simplemente “ por haber sido feliz”…. Ahora miro atrás y no creo haber sido digna de esa consideración pero será un buen ejemplo para mis hijos…..ser feliz haciendo bien a los demás y a mi misma y más encima siendo premiada por eso. Finalmente un voto más a su favor y mi querido Marcelo fue el distinguido de ese año y con el aplauso sincero de quienes compartimos sus recuerdos estudiantiles fue el digno representante, hasta el día de hoy de nuestro San Alberto.. Casi 30 años después mi sobrina y ahijada de bautismo, también ex alumna, destacada ex alumna, recibió en sus manos esta distinción en su ceremonia de egreso y me dijo sonriendo “Tía, te gané…” y estos triunfos de reconocimiento de la Fe, la vida solidaria, de conciencia social, de ayuda y entrega fraterna sólo puede dejarme satisfecha y feliz por las nuevas generaciones.
Con el paso de los años y en pleno siglo tecnológico las maravillas de la cibernética me han permitido el reencuentro con mis compañeros de juventud, aquellos con los que me reí, discutí, competí, copié, abracé, canté o bailé. Mis compinches de bromas o desordenes de sala, a quienes admiré en silencio o compartimos más allá de las dependencias del colegio, estamos canosos, (más ellos que nosotras gracias a las tinturas) algunos frescos como lechuga y otros enfermos o cansados, con las huellas de la vida en nuestros cuerpos y nuestros rostros, unos con mayores éxitos laborales y familiares que otros pero ¿saben qué?, sin distinción de nada de lo anterior ¡¡ nos estamos queriendo como nunca!!